L’esquive, suburbio blues

L’esquive (la esquiva) es un película de Abdel Kechiche, autor de La graine et le mulet ya criticada por Joaquín. En esta ocasión el director francés se adentra en la vida de un grupo de adolescentes de los suburbios parisinos, el resultado me parece sólido, sin que la película sea demasiado extraordinaria.
La historia es más o menos sencilla. Abdelkrim, Krimo para sus amigos, un joven que vive solo con su madre y cuyo padre aparentemente está en la cárcel, termina su larga relación amorosa con su vecina Magalie, sin mayor sobresalto emocional para él aunque sí para ella y su entorno. De pronto comienza a mirar con otros ojos a su amiga de toda la vida Lydia y se decide a conquistarla. Para ello entra a la obra de teatro que ella junto a otros compañeros de liceo preparan para un acto público. En uno de los ensayos Krimo invita a salir a Lydia y esta no se decide jamás si darle una respuesta positiva o negativa, de ahí el título de la película. Este lío amoroso pasa de boca en boca y es visto por los ojos siempre observantes del vecindario y finalmente todo el mundo termina involucrado en este asunto privado. Algunos creen que Krimo debería volver con Magalie, otros creen que Lydia debe dar una respuesta inmediata a Krimo, otros creen que Lydia es una puta rompeparejas, en fin el copuchenteo mismo.

L’esquive es sobre todo un retrato de los suburbios parisinos, muy fresco en su momento ya que dio una nueva visión sobre el asunto, lejana de las estigmatizadoras imágenes de violencia y narcotráfico a las que nos tenían acostumbrados los film de banlieu. Aquí la violencia es parte de las relaciones humanas como en cualquier parte del mundo y no un aspecto único de los barrios pobres franceses. Kechiche se dedica más bien a mostrarnos la vida de vecindario, la vida de los ados de suburbio y a través de ese ejercicio rescata, a mi modo de ver, algunos temas temas importantes y logra dar con algiunas sensaciones y estado anímicos muy bien representados.
En ello cumple un rol fundamental la fotografía utilizada en la película, a cargo de Lubomir Bakchev, quien cuenta que con el director eligieron filmar en DVcam (formato de video de muy baja calidad en comparación a los standares del cine) ya que ello les permitiría una menor intimidación de los noveles actores y por consecuencia mayor naturalidad y relajo. Sin embargo, esta decisión además de lograr este objetivo genera una estética profundamente ad hoc a la realidad retratada.
Parece ser que el digital es la mejor tecnología para filmar la adolescencia, ya lo han hecho así Gus van Sant, Larry Clark y el Mumblecore. Estamos habituados a que la imagen cinematográfica en 35mm retrate a la grandes estrellas del cine, a las ficticias personalidades, en cambio la gente común aparece en pantalla con colores más opacos, con peor resolución, la imagen de los adolescentes es absolutamente low fi, pixeleada, cara de camara web, de telefono celular. La limitante de trabajar con camara digital termina por darnos un bellísimo retrato de los suburbios de cemento gris sobre cielo gris y pasto gris. La imagen deslavada del digital capta la tristeza de los tonos, las texturas y las formas de los suburbios. Aparece entonces la melancolía del olor a humedad, la tristeza de la radio mal ecualizada, de las paredes celestes. De la cocina a media noche iluminada por una débil luz de refrigerador abierto, del óxido, de la arquitectura moderna.

El encuadre, por su parte, exageradamente apegado a los rostros, a los cuerpos, al detalle, genera una sensación de ahogo, de encarcelamiento, como si uno no pudiera salirse de sí mismo, como si uno no pudiera dejar de ser lo que es, dejar de estar en el lugar, dilurse. Siempre estamos ahí en nuestras caras, en nuestros cuerpos, no podemos desparacer, no podemos cambiar, no podemos salir, ni siquiera actuar. Uno mismo, siempre uno mismo. Sin desesperarse, más bien aceptando impávidamente lo propio.


Esta fue mi mejor experiencia cinematogràfica en lo que va de año (Iron Man fue la peor). Entonces dos anotaciones: 1. quizà por quedarte en las muros celestes o en el olor a humedad, olvidaste, o pasaste muy rapido, por el punto fuerte de La Esquiva (y de las otras dos peliculas de Kechiche): las actuaciones. No sòlo Lydia (que aparece en la ultima foto), sino sus amigas y amigos quinceañeros que animan todas las secuencias. La forma de esta pelicula no la da tanto el color deslavado del suburbio o la mala ecualizaciòn de la radio, sino la energia (las discusiones, la rudeza, el griterio) permanente de los personajes. Deslumbrante, sobre todo teniendo en cuenta el caràcter no profesional de la mayoria, y diria, màs aùn, por lo jodido que son los jovenes de hoy (imaginense para hacer una pelicula); y,
2. el uso de primeros planos, de la càmara casi dentro de los debates entre los lolos, lejos de ahogar o encarcelar, intensifica los momentos acercando al espectador, no a la textura de las paredes sino a la de los seres representados. Ademàs porque, a diferencia de algunas Dogma, Kechiche se cuida de no mover mucho, gratuita y mareadoramente la càmara.
Me quedo con una secuencia en que se mezcla todo lo anterior y que es un punto alto del film (tù me diràs qué te pareciò): uno de los amigos de Magalie, la despechada, y de Krimo encuentra en la plaza del block de departamentos a una amiga de Lydia, y la insta a que convenza a ésta -a quien considera puta- de abandonar a Krimo por el bien de Magalie. Para ello emplea un angustioso estrangulamiento, indiferente a los gritos y lagrimas de la chica, a la que termina “requisàndole” el celular hasta que cumpla con su la misiòn impuesta.
si,me parece una buena escena, aunque no la más representativa. Concuerdo con todo lo que expones y creo que concordamos tambien ahi donde tu crees discordar. La camara ahogante de la que hablo, nos encierra en los personajes, que son absolutamente pesados, en el sentido opuesto a volatiles. Ahí sentimos entonces la inevitabilidad o irreversibilidad de sus quehaceres Personajes muy en si mismos (ensimismados), casi opuestos a los ados gringos de van sant llenos de dudas y perdidos en el vacío. Concuerdan los criticos en que el lenguaje es un tema importantisimo en la película, hubiera sido muy poco auténtico, o sea posero ponerlo en mi reseña porque no entendí un carajo durante toda la película, lo que por su puesto viene a reafirmar la lectura de los grandes criticos.