‘Funny Games U.S.’: ¿jugamos en la cancha equivocada?

Y el día llegó. Funny Games U.S., el último trabajo de Michael Haneke saldrá este miércoles al mercado europeo (aún no tiene fecha de estreno en Latinoamérica) y estuvimos en su avant première en París. Ahí estábamos, más de mil personas, junto al director de fotografía y a la mujer de la distribuidora que comenzó a contar la película hasta que el público le dio un “cariñoso” aplauso para que se callara. Y lo hizo. Antes de su silencio contó que Haneke no llegó porque estaba dando clases en Viena (!?). Pero qué importaba si, a cambio, nos mandó de regalo una frasecita para que leyeran antes de que se apagaran las luces, tal como lo hizo en Nueva York: “que tengan una perturbadora exhibición”… Y si bien lo fue, no cumplió las expectativas.
La película partía bastante turbulenta: la primera secuencia era idéntica a la original, tal como la segunda y la tercera… Los créditos entremezclados al ritmo de la deschavetada música de John Zorn sonando detrás, anunciaban lo que vendría. Era cierto: el desquiciado de Haneke había filmado la nueva película copiando la anterior cuadro por cuadro. Incluso las locaciones parecían las mismas… ¿podía ser tanta la obsesión? ¿Tanto el juego con el propio cine y con la idea de reinventarse a sí mismo sin hacerlo? Sí. Creíamos ver algo extraordinario, al nivel de la versión original.
Pero con el paso del tiempo la sorpresa dio paso a una molestia que crecía progresivamente. Algo faltaba. La cinta era idéntica a su versión matriz: mismo guión, misma foto, y actuaciones buenas, contenidas y sagaces como en la original… Naomi Watts y Tim Roth interpretaban a la perfección la mezcla de calma y desesperación que entraña la sorpresa de una violencia repentina y Michael Pitt y Brady Corbet lo hacían bien como los indolentes jóvenes que desencadenaban el horror. Los diálogos seguían en su sitio y las concesiones inevitables producidas por el paso del tiempo y el cambio de idioma (reemplazar un teléfono inalámbrico por un celular, la televisión gringa y su carga mayor de estupidez frente a la alemana, las menciones a Florida y sus apacibles balnearios burgueses) se colaban bien. Hasta las reacciones del público parecían calcadas al relato que se tenía de éstas en el preestreno de la cinta original en Cannes (aplauso incluído en la escena del control remoto)… Sin embargo, una suerte de mueca de disgusto se armaba en el rostro de este blogger, entusiasta partidario del cine del director austriaco. Teníamos frente a nuestros ojos aquello que esperábamos hace meses, el resultado era bueno y pese a todo la cosa no pegaba… ¿Dónde estaba el problema?
En la crónica que escribiésemos hace un tiempo atrás (donde pueden ver más detalles de la trama y la cinta original), sosteníamos que con la versión estadounidense la intención de Haneke era la de provocar a un público diferente. Circulando mayormente en el medio europeo, sus obras habían tenido un impacto circunscrito a aquel continente, y la selecta audiencia que las conocía más allá del Atlántico, los Urales o el Mediterráneo se contaba con las páginas del último número del Cahiers du Cinéma. Así las cosas, más que mostrárselo a un público extranjero que no lo conocía, rehacer su filme más polémico en el medio estadounidense, con actores taquilleros y amparado por un distribución de primera línea (Warner Independent Films fue quien se encargó de la difusión en Estados Unidos, Australia, España y Francia) tenía un claro objetivo moral: no sólo el de enrostrarles de local a los norteamericanos que la mezcla de violencia y audiovisual que Haneke ha hecho leit motiv de sus anteriores trabajos es un producto made in U.S.A., sino que ellos mismos pueden correr como borregos a ver este remake, arrastrados por la misma industria que los bombardea con ese angustioso cóctel de armas y pantallas, para tomar bien concientes los sorbos de su propia medicina. Por eso el engaño parecía no funcionar en el terruño que lo vio nacer y que lo llevó a la cima del cine independiente europeo… Y para este humilde servidor, no funcionó.
Para quienes la veían por primera vez, la cinta pudo ser una gran película, pero esta vez el desafío estaba completamente desplazado de la narración en sí: lo que importaba era lo que ocurriría una vez que las luces se apagaran y no mientras la sangre y la angustia estaban encendidas… La gran efectividad de Funny Games U.S. no habremos entonces que buscarla ni en París, ni en Berlín ni en las añosas butacas de El Biógrafo, sino más bien en el Hoyts de Fresno, Albuquerque o Wyoming, con las manos grasientas por los nachos con queso, las palomitas y el sudor en el cuello de nuestra obesa novia Wendy.


Desde un punto de vista técnico, la película tiene el gran mérito de repetir el plato cuadro a cuadro. De hecho, cuando llegué a casa no pude aguantarme de recorrer rápidamente la primera versión de FG y si pues. Parecieran ser incluso las mismas locaciones y todo… Pero, ¿sabís lo que me pasó? Que no le creí a Pitt. Que por muy buen actor que sea, sus ojos y su boca son tan grandes que se come al personaje sencillo e irónico que era Paul. Al contrario del actor que encarnara dicho personaje en la primera versión, la cara de Pitt es tan cara-de-psicópata que amplificó demasiado la locura, restándole ambiguedad al asunto. Desde ese punto de vista, creo que ahí estuvo la gran falla de la película: el casting, específicamente haber elegido a Pitt para un papel que debería haber encarnado alguien con un rostro más neutro Y menos “sesgado”…
es cierto… recordaba a la carita de angel malvado de macaulay culkin en “un angel malvado”…
algo parecido dijo stephen king cuando salió medio ofuscado del estreno de “el resplandor”: el personaje de su libro iba volviéndose loco de a poco, pero la cara de piscópata de nicholson en la primera escena arruinaba toda posibilidad de duda acerca de las intenciones finales de torrance
Sigamos con el siguiente personaje, la madre. Si bien Naomi Watts es una gran actriz -convertida, además, en ícono de la mujer violentada-, llama la atención que hayan cambiado a una no muy agraciada madre (en la versión original) por la hermosísima Watts. Parece obvio usar a una actriz guapa y cool con fines comerciales (las chicas guapas venden más) pero yo creo que no es sólo eso. Intuyo que alguien atinó a pensar que a los espectadores US no los iba a tocar demasiado ver cómo golpeaban y humillaban a una fea, si al final fueron ellos los que nos enseñaron el juego de burlarse y humillar a la fea del curso… o no?
Yo creo que el mismo Haneke se dio cuenta que podía sacar muchos más dividendos golpeando y haciendo que se le cayeran los mocos (no pocas veces) a una bellísima como la Watts y no a la flaca desabrida y con cara de pájaro de la versión original… Las escenas donde Paul y Peter comentan “lo bien conservada que está” a pesar de sus treinta y tantos quedan un poco descontextualizadas en esta versión porque la Watss parece tener el mismo cuerpo que una joven de 20 años
una de las peores peliculas que he tenido el desagrado de ver, y la escena del control remoto, una basura, incoherente, una burla para la audiencia, mejor que se acabase ahi, al menos asi conservaria suspenso. recomendaria a cualquier persona con sanidad mental, se abstuviera de ver semejante pedazo de estiercol cinematografico. saludos cordiales