‘Lokas’: una comedia insufrible

lokas

Es duro criticar a una película chilena por las mismas razones que se critica a todas o la gran mayoría de las películas chilenas (hablo de las recientes), pero supongo que es mejor que acostumbrarse a la mediocridad. Creo que en Lokas hay un germen, un par de intuiciones correctas acerca de qué es una buena película, una buena historia, unos personajes atractivos, etc., germen que sin embargo se pierde, para no volverse a encontrar, en una puesta en escena mezquina, un guión hecho a la rápida, una dirección inflexible y unas actuaciones simplemente malas.

La cinta narra la historia de Charly (Rodrigo Bastidas) quien tras una serie de problemas financieros con la ley mexicana decide volver a Viña del Mar junto a su hijo Pedro (Raimundo Bastidas). Allí ambos se alojan en casa del padre de Charly, Pedro (Alejandro “Coco” González Legrand), quien es homosexual y vive con su pareja Flavio (Rodrigo Murray).

La actuación de Bastidas padre deja mucho que desear (no es que el pequeño de once años lo haga muy bien, más bien todo lo contrario, pero ciertamente que podría esperarse más de su progenitor). Después de dos o tres apariciones a uno le da la impresión de estar viendo la misma escena, repetida y una otra vez. Se supone, claro, que Charly es el chileno medio (por eso es homofóbico), y que es testarudo, además de un poco tonto, pero entre los diálogos (que el mismo Bastidas escribió como guionista) y la actuación, el personaje queda convertido en un monigote sin ningún matiz y sin ninguna gracia.

Y el niño… bueno, con el niño ocurre algo que suele ocurrir en el cine (no sólo chileno): al guionista se le ocurre meter a un niño, o la historia lo requiere, y una vez que el niño está adentro, bueno, nadie sabe qué hacer con él. En este caso, la solución consiste en instrumentalizar al personaje, convirtiéndolo en portavoz de todas esas preguntas obvias y supuestamente importantes que ningún personaje psíquicamente bien constituido podría hacer (todo esto, con la consabida excusa de la inocencia infantil): “Papá, ¿qué es la homosexualidad? Papá, ¿qué son los homofóbicos?, etc.”.

Como decía en un comienzo, en Lokas hay algunas buenas intuiciones: una vez en Viña del Mar, Charly deberá trabajar en un club gay, viéndose obligado a aparentar ser homosexual, en parte también para ver a una mexicana que le atrae y que es dueña o administradora del local. En general, las escenas con los protagonistas (Charly y su hijo), más esta mexicana, son una tortura. Diálogos que avanzan como si estuvieran en un embotellamiento, lentos, forzados, llenos de pausas que dan la impresión de que los personajes se encontraran a kilómetros de distancia.

El guión, aunque plantea buenos conflictos, los resuelve de forma facilista y a ratos incomprensible (véase el evento que funciona como descenlace). A esto colabora una puesta en escena absolutamente pobre. Está, por ejemplo, esa horrorosa escena al comienzo de la película, en donde Justiniano intenta convencernos de que Charly estuvo en una cárcel mexicana. Charly entra a un pasillo, donde se le acercan cinco supuestos presidiarios y lo amenazan. Todo alrededor está vacío y en silencio, como si se tratara de un set del Chavo del 8. Por su parte, los diálogos y desplazamientos de los actores son absolutamente artificiales, teatrales, coreográficos. O quizá las cárceles mexicanas son así, y los presidiarios mexicanos se ceden la palabra y se mueven como si estuvieran en una mala película.

A lo largo del metraje, hay dos o tres de estas escenas absolutamente inverosímiles, de las que recuerdo claramente la de la cárcel y otra en el final, en que cuando un personaje habla, misteriosamente, los otros se callan o forman una especie de coro alrededor. Se suman otros desatinos varios: la actuación de Juan Pablo Sáez, que a juzgar por el inexplicable cambio que sufre su personaje (administrador del club Lokas), apareciendo primero como muy afeminado, para luego desdibujarse completamente, es casi señalable como un error de continuidad.

No quiero terminar esta crítica sin destacar, aunque floten en un magma informe, las actuaciones de “Coco” Legrand y Rodrigo Murray. Aunque la fidelidad y el sentido del honor no permitan admitir esto, queda claro que se trata de dos excelentes actores metidos en un mamarracho. Sobre el primero, Legrand, sólo cabe decir que estamos en presencia de un enorme actor. Legrand tiene años de circo y sabe cómo hacer que un parlamento salga natural al mismo tiempo que perfectamente modulado y a un volumen audible, etc. Cuando la cámara se queda con él y éste habla, lo escuchamos con absoluta atención y le creemos absolutamente todo. Murray, por otro lado, es el relajo mismo. Cuando aparece en pantalla la crispación provocada de tanto tragar esa salada papilla que es Lokas cede al menos un poco; el personaje de Flavio es también absolutamente creíble, simpático e inteligente. Juntos, ambos logran buenas escenas y situaciones a lo largo de la cinta, destacando aquellas peleas de pareja que van puntuando el desarrollo de la historia, y que podrían figurar como uno de los pocos aciertos de la película.

Tras el estreno de Lokas, periodistas, gente del equipo realizador y otra gente salida de no sé dónde se han llenado la boca de preguntas y declaraciones en torno al ‘mensaje’ de la cinta (ya se sabe, la homosexualidad, la homofobia, la discriminación, etc.). Por mi parte, no digo que no haya tal (hay uno, seguro, y no tan ‘esperanzador’ como cabría esperar), pero me parece algo apresurado, o lisa y llanamente un exceso, reparar tanto en el ‘mensaje’ cuando al menos lo que yo vi en la pantalla no fueron más que balbuceos.

 




Trackbacks & Pingbacks

Aun no hay trackbacks/pingbacks.




Comentarios

yo la ví, y tengo 1 sola palabra para describirla: FOME!, esperaba muchó más.

Yo tampoco me reí ni una sola vez. Los chistes son burdos (Charly dándole todo tipo de consejos machistas a su hijo), además de forzados y mal actuados (Charly rascándose la entrepierna por las mañanas). Hay una escena que podría haber resultado, que es cuando Charly llega a la casa de su padre y el estar está lleno de cuadros, artesanías y objetos de arte. Pero le queda grande a Bastidas y como ocurre con muchas otras escenas todo se ve tan… pequeño.

Muy buena crítica. Se creo mucha expectación frente a un film que le falta peso dramático y si no fuera por los personajes de Pedro y Flavio, (Coco Legrand y Rodrigo Murray) la historia no tendría sentido. El final mal terminado, se nota que lo acortaron, lo cual hicieron según leí en el guión original, lo que soluciona de manera apresurada y sin lógica un conflicto que tampoco se alcanza a desarrollar bien.
Un par de risas por el mejor chiste “PO-MELO” que de seguro fue aporte del propio Legrand.
Una lástima ya que tenía mucha fe en la película después de leer el guión.

es una pelicula malisima, esperaba algo muchisimo mejor la verdad que fue una gran desilucion. el coco legrand y rodrigo murray muy buenos actores lo mejor de la pelicula

No tenia muchas expectativas en la pelicula y claramente al verla supe que no estaba en un error. Creo que el comienzo es francamente patetico, ¿Por qué forzar la locacion de la pelicula en Mexico, y no grabar en ese pais con actores mexicanos? Si la respuesta es presupuesto, mejor solucionarlo de mejor forma y no forzar al publico a tragarse tan inverosimil propuesta. La escena de la Francisca Merino totalmente desechable, el doblaje a su voz penoso, en fin.
Del desarrollo de la pelicula creo que en la critica esta todo. Lastima por Justiniano que no supo aprovechar a coco legrand en la pantalla grande.



Deja un comentario

(requerido)

(requerido/no será publicado)