LEGIÓN: poniendo a prueba nuestro temple

Vieja piñerista

Legión comienza con una secuencia que (siendo generosos y confiados) llamaremos una cita a The Terminator: en un oscuro y siniestro callejón, de la nada aparece un hombre, venido de quién sabe dónde y transportado quién sabe cómo a nuestro mundo (o a uno parecido). Luego, vemos como se recompone en un mugroso baño – al parecer, algo se ha cortado de la espalda – y asistimos a sus primeros pasos en la ciudad, consiguiendo ropa, armas y un vehículo.

En ese punto ya sospechamos que este peliculón no contribuirá ni un centímetro a que se incremente nuestro aprecio por el cine fantástico. Pero démosle el beneficio de la duda y sigamos viéndolo.

Ante nuestros ojos se sucederán una serie de escenas innecesarias, protagonizadas por personajes arquetípicos y sin embargo mal desarrollados y pobremente interpretados. Un montón de diálogos absurdos precederán al comienzo de los fuegos artificiales, que incluyen algunos de los peores efectos especiales que podemos ver hoy por hoy en el cine norteamericano.

Poster

El argumento de Legión es una tontería, aunque con algo de talento hasta podrían haber hecho algo medianamente decente o divertido con el plot que tenían entre manos: Dios decide acabar con la corrupta humanidad y planea enviar a sus legiones a arrasar con todo. Pero uno de sus angelicales generales, que aun confía en los seres humanos, se revela para proteger a un niño que está por nacer y que por alguna misteriosa razón (que al parecer no viene a cuento intentar explicar en esta película, presuntamente porque “desde el principio fue pensada como una trilogía”, o algo así) es el único que puede darle esperanzas a los seres humanos.

En un mugroso restaurant (llamado “Paradise Falls”), junto a una carretera abandonada, se encontrará un grupo de desconocidos (entre los que figura la preñada madre de este especie de elegido que está a punto de venir al mundo) y junto al arcángel defensor-rebelde (Miguel, interpretado por Paul Bettany) deberán enfrentar a las hordas que en sucesivas oleadas el creador del cielo y de la tierra les irá mandando (como si le costara mucho prenderle fuego a todo sin más, digo yo; pero claro, quiere probar nuestro temple). El resto de la trama se debate entre ametralladoras, subametralladoras, rifles, pistolas, cuchillos, espadas, alas, ácido, puñetes, patadas, diálogos para la risa y actuaciones dignas de una teleserie de Chilevisión.

Bettany

Legión es una película pobre, pobrísima, que no obstante ha costado muchos millones de dólares. Nadie puede sentirse orgulloso de haber participado en un producto así, y nosotros tampoco nos habremos sentido orgullosos de haberla soportado de pé a pá, solo para enterarnos de que el final es aún peor, más absurdo y más mal orquestado de lo que podríamos haber imaginado.

Legión fue perpetrada por el debutante Scott Stewart, quién también es artífice del guión junto con un tal Peter Schink. Todo el mundo tiene algún talento y esperemos que Stewart descubra pronto cuál es el suyo: por ahora, va mal encaminado.

LEGIÓN se estrena en Chile mañana jueves 25 de marzo, en la mañana.





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