Trenes rigurosamente vigilados

Paradojas que enriquecen siempre las polémicas: justo un mes después de que se cumplieran cuarenta años del triste final de la “Primavera de Praga”, una ignominiosa acusación de delación cayó sobre las espaldas del más mediático e irónico de los opositores al régimen comunista de Checoslovaquia: Milan Kundera. El impacto ha sido enorme y por estos días los medios se plagan de defensas y condenas vehementes. Pocos, eso sí, reparan en el hecho que la República Checa, como toda la Europa del Este, es un caldo de cultivo para todo tipo de equívocos y dobleces de este tipo. Su historia de frontera cultural, racial, lingüística, política y religiosa hace muy débiles la coherencia y la integridad de sus héroes. Antes de juzgar, entonces, habría que reír, como lo hiciera el propio Kundera en muchas de sus grandes novelas o como la monumental cinta Trenes rigurosamente vigilados, real manifiesto de libertad y sarcasmo que no ha envejecido absolutamente nada en sus cuarenta y dos años de vida.
Basada en la obra homónima del escritor Bohumil Hrabal, la película de Jiri Menzel está ambientada durante la ocupación Nazi de Checoslovaquia y relata la vida de Milos, un joven funcionario de los ferrocarriles checos que carga con el karma de una genealogía de perdedores y desgraciados que han escapado heroicamente al modelo de vida de un hombre responsable, lanzando trampas a reyes e hipnotizando tanques enemigos. Milos trabaja en la estación de trenes local junto al mujeriego Hubicka, al demente e hipócrita jefe de estación Zednicek, y a la bella telegrafista Zdenka. El colaboracionista director de los ferrocarriles del pueblo, les encarga la misión de proteger ciertos trenes estratégicos, indispensables para los planes de dominación del Führer en Europa central. Milos verá ahí la oportunidad de escapar a la maldición de los varones de su familia que no han sido nunca verdaderos hombres. Pero nuestro héroe tiene un gran problema: no puede satisfacer los deseos de su novia Masa. Así, no se puede concentrar en la misión que le han encargado, ni podrá convencer al mundo de su carácter, por primera vez en su familia…
Los intentos de Milos por cambiar su suerte, que finalmente terminará por redimirse de una forma no prevista en su aventura de despertar sexual, recorren de una manera excéntrica la realidad de un país desintegrado y lleno de contradicciones morales, donde la inquietud erótica es el hilo que apuntala una existencia rutinaria y apagada, que busca escapar del tradicionalismo religioso de un país conservador y de los disparates totalitarios de un nazismo que comienza a rodar cuesta abajo. Menzel nos muestra ahí un rebaño de individuos cómicos, ridículos, en situaciones cotidianas que se debaten entre la inverosimilitud y la parodia, en un ambiente popular que recuerda los alardes realistomágicos de Kustirica o las sensibles reflexiones del hombre de a pie en Kaurismaki, en una textura en blanco y negro très nouvelle vague. Son estos personajes infames los que permiten al director deslizar, travestida en la crítica al totalitarismo mesiánico del Reich, un cuestionamiento profundo y muy certero a la otra cara de la moneda: el totalitarismo histórico del comunismo soviético que domina por entonces Checolsolvaquia. Y la redención final de Milos es una premonición de lo que vendría luego en la historia checa…
Profundamente polémica y provocadora Trenes rigurosamente vigilados, incluida en la prestigiosa Criterion Collection, es un pequeño grito sardónico y revoltoso que desnuda con su vitalismo las contradicciones de una sociedad que dos años después (la película es del 66) vería nacer y morir trágicamente el intento más recordado que conociera el mundo de reformulación del proyecto comunista. No extraña entonces que la Academia le haya entregado el Oscar, ni que la película fuera prohibida tras la llegada de los tanques en ese fatídico agosto del 68.


El 14 de octubre es mi cumpleaños y a mi también me llamaste “grito sardónico y revoltoso” en alguna ocasión. Después de leer tu crítica, me siento alabada…
A parte de la Insoportable levedad del Ser, hay alguna otra pelicula basada en una novela de Kundera? El otro día leí La Broma y me encantó, como dices tú, no envejece ni un ápice!