Cine, Autores y Comics

Hace poco, alguien me expresaba su disconformidad con Batman, el caballero de la noche. No era que no le hubiera gustado la película, sino que, según entendí, anhelaba que las (buenas) premisas esgrimidas en la obra de Nolan fueran desarrolladas de forma menos superficial, que los personajes fueran llevados a sus límites para entregarnos una obra más única, más adulta; extrañaba, quizá, un cine más “de autor”, si se quiere.
Pero resulta que se trata de Batman, un personaje cuyos bienes culturales asociados vienen de ragalo con la cajita feliz de McDonalds. Atendiendo a esto, me parece que Goyer y los Nolan casi han conseguido tocar los bordes de la madurez que se le puede dar a ese personaje en Hollywood. Pero mi interlocutor no dejaba de tener razón: los que hemos disfrutado de alguna manera y en algún momento de alguna obra literaria o de algún cómic, o personaje de cómic, hemos deseado, cuando crecemos y nos aburrimos (a veces) de tanto efectismo, que algún cineasta serio tome la obra para ejecutarla a consciencia, con intención, y no con desdén, tratándola como un mero regadero de pop-corn.
Es difícil que un Best-Seller o que un personaje de Marvel o DC cómics llegue a las manos de un realizador de aquellos que podemos considerar como “autores”, aunque los últimos esfuerzos en el desarrollo de proyectos cinematográficos ligados al cómic han buscado acercarse cada vez más a ello, poniendo en unos cuantos casos a esos personajes en las manos de directores jovenes y/o con propuestas personales. Así se consiguió una notable Batman Begins y una bastante satisfactoria primera entrega de Spider-man, una correctísima visión de los X-Men de manos de Bryan Singer, y una interesante y generadora de discordia Hulk, de Ang Lee. Pero el poder que se les entrega tiene un límite, o límites, bien definidos. Más aun, actualmente asistimos a un proceso reaccionario en este contexto, y los últimos hits basados en cómic han vuelto a manos de directores bien impersonales: Jon Favreau (Iron Man), Louis Leterrier (The Incredible Hulk)…
La “autoría” que se le imprima a esos personajes debe aplacarse llegado un punto y las premisas, por muy osadas que sean, deben moderarse de manera que, al final, después de una hora y media o dos horas de metraje, el personaje y su universo regresen a la “normalidad”, de manera que pueda ser retomada a placer, con comodidad, por otros realizadores en el futuro, en los cómics, en el cine, en la televisión o en el medio o formato que sea. Las transnacionales dueñas de los derechos sobre esas obras tienen que asegurarse de que se haga lo que se haga, los padres asientan a seguir comprándole a los niños los juegos, álbumes, animaciones baratas y juguetes asociados a esos personajes. De la misma forma, aquellos que detentan el control sobre una determinada franquicia deben procurar que las estrellas que acceden a aparecer en una película (más o menos) familiar (como se supone debería ser la de cualquier superhéroe) no se arrepientan y abandonen el proyecto por “diferencias creativas” con el director.

La osadía de un realizador en estás lides debe contenerse. Así, Bruce Wayne, en lo que resulta uno de los detalles más interesantes del film, desarrolla en secreto una suerte de panóptico de Ciudad Gótica, llevando al extremo su odisea fascista. Lucius pone en cuestión sus métodos y sus intenciones, pero Wayne, que en el fondo es bueno (c), le da al personaje interpretado por Morgan Freeman el poder de destruir el artefacto. Regreso a la normalidad: Batman es más bueno que fascista. Ang Lee estiró mucho el chicle en su versión de Hulk, generando una cinta que los adolescentes, el público al que los productores apelaban, acostumbrados a las maromas de McG, consideraron aburrida. Así que Lee fue destituido y para la secuela se colocó en su lugar al director de El Transportador, dando un mensaje bastante directo sobre lo que quieren hacer con Hulk y lo que no. Y sobre lo que querrán hacer con todos los superhéroes, sobre todo ahora que son una de las grandes fuentes de ingreso de la industria.
En los cómics los personajes pueden ser tratados con más libertad, sobre todo gracias al truco de crear diferentes “universos” o dimensiones, de manera que convivan un batman edulcorado con uno oscuro y autoritario, y un batiperro, si se quiere. Pero cuando el cómic es trasladado a la auténtica cultura de masas – al cine -, el personaje es uno solo y, frecuentemente, es re-diseñado en busca de apelar al público más transversal posible.
Toda esta reflexión viene a cuento ahora que en una región donde estos imperativos de mercado no son tan prepoderantes o, más bien, responden a otras lógicas, una realizadora eminentemente personal ha aceptado tomar las riendas de la versión cinematográfica de uno de los más clásicos cómics argentinos: El Eternauta. La anfitriona es Lucrecia Martel, y esta puede transformarse en una gran película.

El Eternauta es una historieta bastante digna de atención. Editado por entregas en la revista Hora Cero a partir del 4 de septiembre de 1957, el cómic creado por el guionista Héctor Germán Oesterheld y el dibujante Francisco Solano López cuenta la historia de Juan Salvo, un viajero de la eternidad, que un día se materializa frente al guionista y le cuenta su historia, la que comienza con una extraña nevazón en Buenos Aires, en la que el material que cae del cielo mata al contacto con la piel. Los supervivientes deben aislarse en sus casas y buscar la forma de obtener los suministros necesarios para no morir de hambre. Pronto descubrirán que el peligroso temporal es parte de una invasión extraterrestre que asola la tierra.
El cómic alberga bastante referencias políticas relativas a la historia de Argentina y sus frecuentes golpes de estado. Es conocido el hecho de que mientras escribía la segunda parte de El Eternauta, Oesterheld fue secuestrado por el Proceso de Reorganización Nacional, la dictadura militar que gobernó Argentina entre 1976 y 1983, y su paradero, como el de sus hijas, es aun desconocido. Eso no detuvo, sin embargo, el desarrollo de su personaje, que a través de los años ha pasado por las manos de múltiples guionistas y dibujantes.
Lucrecia Martel ha demostrado sobradamente su valía como cineasta desde su primera cinta, La Ciénaga, cosechando buenas críticas con sus dos largometrajes posteriores, La Niña Santa y La Mujer Sin Cabeza. Caracterizada por un cine rotundamente personal, a mi parecer Lucrecia Martel reune un buen perfil para lograr hacer de El Eternauta una obra interesante. Sin embargo, los fans han protestado por ahí debido a los rumores que indican que la Martel omitiría los elementos relativos a la invasión extraterrestre en su versión de la historia, cosa que aun no ha sido confirmada oficialmente.
El póster ficticio de El Eternauta es obra de Scuzzo.


Estimados amigos, los invito:
http://eleternauta-lapelicula.blogspot.com/
Saludos !!!
Mariano Chinelli
debo decir que la adaptacion del eternauta es lo mejor que le podria pasar al comics latinoamericano , una buena adaptacion de este haria crecer el comics de esta parte del globo