¡Oh! A nadie le gusta Hollywood

EFE ha estado informando sobre algunas declaraciones un tanto reaccionarias de un par de cineastas de la vieja escuela. Por un lado, el realizador mexicano Arturo Ripstein, y por otro, el español José Luis Borau, ambos acusando, en diferentes tonos, a Hollywood de los males del cine de hoy. Probablemente tienen razón y ante el panorama actual se pueda exclamar con horror ¡el cine se chacreó!. Pero creo que es muy fácil (facilón y superficial) ponerlo en esos términos.
Arturo Ripstein ha señalado, en el marco de una muestra retrospectiva de su obra en el Festival de Cine de Karlovy Vary (República Checa), que en el modo de narrar contemporáneo "la emoción es puramente física. El cine ha logrado abolir la mirada, algo muy extraño, ya que no se ven las películas sino que se sienten". "Existe penetración cultural en el sentido más trivial y superficial, y a su vez el más profundo. No hay penetración cultural más aguda que la del cine estadounidense en el mundo entero". Respecto al "cine de antes", Ripstein señala: "había una mirada, una mirada aguda, y las cosas eran un poco más peligrosas. Ahora no existe".
Por su parte, el director zaragozano José Luis Borau habla de una "crisis" en el cine actual. Para él no hay escasez de buena historias, sino de buenos guionistas, lo que explica que en Hollywood "se dediquen a hacer lo que ellos llaman ’remakes’, a volver a hacer una película que ya se hizo en su momento". "Para quienes leen los guiones en los grandes estudios, que son gente bastante inculta y desprovista de imaginación, la película más atractiva es aquella que contiene escenas y personajes que son mezcla de los éxitos de los 3 o 4 últimos años, porque consideran que sólo puede tener éxito comercial lo que se parece en algo a otras películas anteriores".
Ambos realizadores no dejan de tener razón en casi todo lo que dicen, pero pecan de viejos: ¿De qué sirve quejarse de Hollywood y repetir una vez más aquello que cualquiera puede ver? ¿Para qué insistir en lo "bajo que ha caído" el Festival de Cannes? ¿Qué hay de malo en un cine que es como "una montaña rusa"? Lo importante es que exista otro cine, pero eso no se logra achacando a la gran industria norteamericana los males del séptimo arte actual, europeo o latinoamericano. Así como seguirán existiendo alta cocina y marisquerías de puerto a pesar de la omnipresencia de McDonald’s y de la comida para microondas, también seguirá habiendo otro cine, ese cine de antes, el de "la mirada aguda" que le provoca nostalgia a Ripstein, o el cine del futuro, que Boreu, con bastante más lucidez, espera que llegue: "La persona que consiga abrir ese nuevo camino será un genio, aunque tendrá que tener en cuenta los avances técnicos"; "El éxito de verdad lo tiene lo nuevo".
Estoy de acuerdo con que el conformismo y la reiteración de los patrones es parte esencial de la industria del cine y de cualquier negocio, pero hay que rescatar un hecho fundamental: el volumen de esta gigantesca empresa le otorga una vitalidad impagable al séptimo arte; así mismo, este volumen de producción también trae consigo una imponderable impredictibilidad, al mantener a millones de mentes pensando en cine. No abogo aquí por una defensa de las bondades del liberalismo económico-cultural, pero trato de ver los efectos positivos de la penetración del cine de Hollywood en casi todo cine (y toda cultura), ya que los efectos negativos son de sobra conocidos.

El cine es un arte y a la vez un fenómeno social dinámico, no monolítico. La "mirada" y el peligro que echa de menos Ripstein sigue existiendo debajo y sobre las explosiones que llenan las arcas de Los Angeles y de otras industrias cinematográficas repartidas por el mundo; dicha mirada, la actual, tal vez no es la misma de Ripstein, o no es una que él aprecie, pero dudo que él ignore su existencia, a pesar de sus dichos y de su forma de exponer el problema, como si todo cine estuviera exclusivamente regido por los dictámenes de "abolición de la mirada". Sin pensármelo mucho y para hablar de obras recientes que ponen especial incapié en una cierta "mirada" (y de cineastas "jovenes" o de corta trayectoria; no me voy a poner aquí a hablar de las bondades de Herzog, Haneke o Kaurimaki), se me vienen a la cabeza los documentales ’La Sombra de Don Roberto’ (Juan Diego Spoerer y Hakan Engström) y el peligroso e imperfecto ’Vivir en Paz’ (Antoine Cattin y Pavel Kostomarov); ficciones como las de Lucrecia Martel, Joon-ho Bong, Chan-wook Park, o las indie gringas que han salido de las manos de Todd Solondz y Alexander Payne (sin mencionar el maravilloso documental ’Crumb’ de Terry Zwigoff o la incomodísima ’Bully’ de Larry Clark), y aun dentro de la primera línea de la industria de Hollywood, películas como ’Zodiac’ o esa brisa de aire fresco llamada ’Ratatouille’ son muestras de que la repetición no es la única vía del cine de hoy y ni siquiera la única del cine gringo de hoy.
Finalmente, en lo que respecta a los guionistas, y a los dichos de Borau, creo que la proporción entre buenos guionistas y malos guionistas siempre ha sido y será la misma, sólo que dado el enorme flujo y la gigantesca presencia que tiene un tipo de cine en nuestra percepción del cine actual, los malos guiones son, como nunca, pan de cada día. Pero yo no desesperaría lamentando la situación actual del cine: siempre habrá buenas películas y todos los días nacen cineastas, en todas partes.
Vía informador.com.mx / soitu.es.


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