‘Sin destino’: dejando atrás el melodrama

No cabe duda de que Imre Kertész, Premio Nobel de Literatura 2002, constituye uno de los puntales de cierta mirada más compleja respecto del holocausto judío, un punto de vista menos victimizante, menos dogmático, y cabría decir, menos idólatra, que bien ha sabido plasmar en su obra literaria. La adaptación cinematográfica de ’Sorstalanság’ (’Sin destino’, 2005), cuyo guión estuvo a cargo del mismo escritor, sin embargo, echa de menos uno de los elementos centrales de su versión literaria: esa suerte de distanciamiento a través del cual se evitaba, acertadamente a mi juicio, caer en el melodrama o en la tragedia pura y dura.
’Sin destino’ narra la historia de György Köves, un adolescente húngaro de catorce años que, mientras se traslada un día a su trabajo (trabaja en una industria como mano de obra judía y barata), es apresado por un policía y enviado en tren a pasar una temporada en los campos de concentración de Auschwitz y Buchenwald, en Alemania.
Si bien el contenido de la cinta conserva ese tono desapasionado, más bien frío que posee el libro, la forma que adquiere el film, digamos, la puesta en escena, incurre en una serie de desatinos o deslices que desvirtuan un poco lo anterior. La música, a cargo de Ennio Morricone, es sin duda uno de los elementos que colabora a cargar a la cinta de un sabor meloso que el libro supo evadir. Un sabor, digámoslo de plano, sentimental. Si bien hay una clara intención de que los planos y secuencias funcionen como simples ’mostraciones’ (fade in – escena – fade out), a lo largo de la historia se insiste en hacer primeros planos del rostro del protagonista, recurso que sobrecarga las escenas de un aire reflexivo, seudo profundo y que resulta completamente forzado.
Tanto con anterioridad a su traslado y confinamiento, así como durante su estadía en los campos y su regreso a Budapest, desfilan ante el joven protagonista una serie de personajes, en lo personal creo que bien trabajados, aunque definitivamente algunos de ellos fueron resumidos de tal forma que sólo figuran como portavoces de parlamentos y frases taxativas que por su carácter casi de máximas cuestionan seriamente la verosimilitud de lo que el espectador contempla en la pantalla.
Para los faranduleros, aquí está la absolutamente discreta y prescindible aparición de Daniel Craig, aka James Bond, en la cinta. ¿Un canje parte de la coproducción? Quién sabe. La cosa es que interpreta a un pelotudo militar estadounidense que recomienda a György que, ya que ha finalizado su encierro, marche a los Estados Unidos a tener una vida "de este lado de la cortina de hierro". Dicen que en la cinta también aparece Bruno Ganz, pero yo no lo vi.
Tras su paso por los campos de concentración György deberá enfrentar el regreso a su hogar, las preguntas de los curiosos (cuya mera mención y desvelamiento por parte de Kertész da una idea de la óptica más convencional con que se ha retratado el tema: "Los campos son terribles, ¿no es cierto? Sufriste mucho, ¿no es cierto?, etc."). Ante esta recepción y estas preguntas aquello que parece decir el rostro del ahora casi adulto György es que de verdad lo terrible es haber regresado.
A pesar de que no me agradó del todo, si pasan por el Cine Arte Tobalaba, pueden echarle un vistazo. La recomiendo.


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