Hulk, El Hombre Increíble

No entraré en comparaciones odiosas con la película que realizó Ang Lee el año 2003. Soy del bando de Lee, de Bana y de Connely, pero esa vieja discusión sobre lo méritos y debilidades de la anterior versión cinematográfica de este personaje (que algunos tienen la osadía de llamar “fallida”) la considero inconducente. Es como tratar de convencer sobre las bondades de “Stalker” a un fanático de la “saga” de American Pie (guardando las distancias). Así que mejor vamos con la película que nos ocupa el día de hoy.
Lo cierto es que Louis Leterrier realiza una pieza difícil de criticar negativamente. Hacerlo sería no comprender en absoluto los cimientos del género, ser totalmente miope ante los requerimientos de la industria y del público, y haber hecho aquello de lo que se me ha acusado (injustamente) a veces: evaluar una película de un género con los parámetros de otro.
“The Incredible Hulk” es una película sólida y eficaz. Un ejercicio de género llevado a cabo con una precisión docente, que pone de manifiesto tanto las fortalezas como las múltiples debilidades de las adaptaciones cinematográficas de comics de superhéroes.

Leterrier progresa respecto a sus trabajos previos (“El Transportador 2″ y “Danny the Dog”), logrando volver relativamente convincentes escenas de acción de dimensiones monstruosas, tanto por sus características como por su extensión temporal. Sus escenas de acción (el 95% de lo que ha rodado en su vida) ya solían ser bastante monstruosas, pero al estar protagonizadas por seres humanos la cosa no terminaba de cuajar, produciendo una mezcla (no deleznable a priori) de emoción y risas en el espectador no militante. Al movilizar a Hulk a través de calles y campos protagonizando enfrentamientos con el ejército y con ese otro monstruoso experimento bautizado como “Abominación”, el director de origen francés consigue que ni se nos pase por la cabeza reirnos o pensar que todo aquello no es más que CGI.
La acción da inicio en unas hipertrofiadas favelas de Rio de Janeiro a dónde Bruce Banner, encarnado en Edward Norton, ha llegado a parar en su huida del ejercito norteamericano. Pero el ceñudo general Ross, interpretado correctamente por William Hurt (quién no se aleja demasiado de lo realizado por Sam Elliott en “Hulk“), no desiste en sus esfuerzos por darle caza para volver su condición (la de volverse verde, irracional y gigantesco) en un arma. Dicho sea de paso, en las escenas ambientadas en Brasil, la bella actriz de teleseries Débora Nascimento tiene un pequeño papel que hubiéramos querido se extendiera un poco más.
Después del primer encuentro entre Bruce Banner y un escuadrón de marines encabezados por Emil Blonsky (Tim Roth), en medio de una favela (donde curiosamente los soldados norteamericanos entran impunemente como si no hubieran visto “Ciudad de Dios”), enfrentamiento en el que la acción y el suspenso se distribuyen de forma bastante decente, la trama termina derivando hacia territorio estadounidense. Así, Bruce debe reencontrarse con Betty Ross, interpretada por Liv Tyler, y en ese momento la tragedia personal del personaje se transforma en una historia trágica de amor en toda regla. Liv Tyler no es Jennifer Connelly, pero cuando ella mira al monstruo a los ojos en busca de la persona que ama, hay que admitir que se ha ganado el papel (ya quisiera uno recibir esa clase de miradas). Y es que el concepto central detrás del guión de Zak Penn se resuelve en algo tan sencillo y clásico como una historia de amor (imposible). Y eso está bien.

Las deficiencias achacables a “Hulk, El Hombre Increíble” son crónicas del género de superhéroes: la proliferación de situaciones inverosímiles (aun admitiendo la ficción ofrecida), la “desechabilidad” del resultado final y la resolución apresurada de situaciones. Pero la verdad es que, a título personal, debo señalar lo siguiente: fui a ver la película esperando aburrirme o hartarme con la reiteración de situaciones ya muy manoseadas por el cine “superheróico” y el abuso de explosiones y derrumbes generados por computadoras, pero para mi sorpresa estuve durante casi todo el metraje al borde del asiento. Por cierto que el film funciona a costa del uso de efectismos probados, pero eso no quita que la película sea una de aquellas (pocas) que realmente consiguen “atrapar”, sobrepasando en gran medida los prejuicios que uno carga. Así, durante la proyección, olvidé por completo todo elemento ajeno a la simplísima trama que se me ofrecía en la pantalla. No dudo que en un par de días olvidaré dicha trama, pero fueron un par de horas divertidas las que pasé viendo “Hulk, El Hombre Increíble”.
Visto lo visto, es claro que el cine de superhéroes (la forma industrial de producirlo) ha llegado a cierta madurez.


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